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El Abucheo

El alcalde de La Línea es una extravagante máquina de convertir los problemas en insultos. Hace poco cargó con grosería contra los trabajadores municipales, días después llamó vagos y borrachos a los socialistas y el viernes pasado se ganó un abucheo monumental por comportarse inadecuadamente durante un acto protocolario a la puerta del consistorio.

Yo estuve allí e hice fotos del incidente. En ellas puede verse a los concentrados (como cada viernes, en demanda de terrenos para el nuevo hospital) muy distendidos durante la formación del cortejo que conduciría a las damas hacia el escenario de la coronación en el acto inaugural de la feria. Otra instantánea recoge el momento en que el alcalde, al partir la comitiva, se dirige a los socialistas con expresión visiblemente avinagrada. En la tercera foto, una parte de los presentes ya increpa con vehemencia al alcalde mientras él responde tocando las palmas. Las demás fotografías muestran a Juárez abandonando los jardines municipales bajo una bronca descomunal. Por lo visto, el sujeto nos llamó basura a los concentrados.

Personalmente, no me siento ofendido por sus palabras. Primero porque, como es bien sabido, no ofende quien quiere sino quien puede. Y, segundo, porque a un tipo tan desencajado por la soberbia, tan descompuesto por el revolcón, se le perdona casi todo. Viniendo de quien viene, sería muy fácil devolver el insulto de manera argumentada. Pero yo no voy a hacerlo. Me limitaré a lamentar que unos hechos así hayan sucedido en una jornada como esa. Y señalaré también que muchos de los allí presentes, en perfecta sintonía con el espíritu que anima estas concentraciones, no entramos al trapo de las provocaciones y nos mantuvimos al margen del abucheo. Apunte que no encierra ningún tipo de recriminación hacia quienes sí lo hicieron. Cada cual respondió en función de su carácter y las dos actitudes estaban perfectamente justificadas. Pero, ojo, ese día se llegó al limite de lo que puede considerarse una protesta pacífica. Que se anden con tiento los provocadores porque perseverar en la escalada empieza a resultar muy peligroso.

Alcalde y Reina 2006

Juárez nunca ha sabido ser el alcalde de todos los linenses. De su mano llegó a la ciudad una profunda fractura social que él alienta ejerciendo de alcalde de unos contra los otros. Es momento de templar los ánimos, pero Juárez y sus subalternos no lo entienden así. Quizá ignoran que, de estallar el polvorín, nadie puede prever en qué dirección avanzará la onda expansiva.

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