Torre Vigía

Historia

EL FUERTE DE SANTA BÁRBARA

El largo siglo XVIII inicia su andadura por la incierta España de los Austrias aportando la novel dinastía borbónica, y con ésta, una etapa de esperanzadas expectativas de fortalecimiento de la agotada monarquía austracista. No obstante, la verdadera pasión de este nuevo siglo sería la idea de la Reforma; una política de cambios destinada a restaurar a una España que arrastraba, desde los años centrales de la centuria anterior, evidentes deficiencias en el funcionamiento de sus estructuras básicas. Desgraciadamente, y por los imperativos de la época, no todas las esperanzadas innovaciones de esta etapa acabaron por llegar a buen puerto.

Sin entrar en un detallado estudio de las incidencias que presidieron la vida nacional durante la etapa del Setecientos, baste decir, que en el empeño de mejorar la sociedad española participaron la mayoría de los políticos, militares y una buena parte de los ilustrados de la época. Aunque también, se situaron acérrimos detractores y muchos indiferentes. Esta diversidad de pensamientos vendría marcada, en gran medida, por dos dramáticas contiendas que jalonan los principios y finales del siglo: la Guerra de Sucesión y la Guerra de la Independencia.

Un apretado recorrido por ambos conflictos nos ofrece una expectativa global de la simbiosis milicia - sociedad, marcada por la pérdida de Gibraltar a principios de siglo y los vanos intentos por recuperarla; estos hechos convierten a nuestra ciudad en el escenario que acondiciona al protagonista de nuestra historia: el emblemático fuerte de Santa Bárbara. Una fortificación cuyas ruinas son hoy, los únicos vestigios que quedan de aquel formidable valladar, denominado Línea de Contravalación, que sería el germen de la actual ciudad de La Línea de la Concepción.

Guerra de Sucesión.

Esta primera contienda, con una impronta de guerra civil a la vez que europea y colonial, se inicia por el pleito sucesorio a la corona de España. La disposición testamentaria haría que recayese en Felipe duque de Anjou.

Las pretensiones expansionistas de Luis XIV, que equivalían a la imposición de la hegemonía política de la casa real francesa en el continente y, por añadido, el control de las colonias americanas que suponían estrangular el potencial marítimo- comercial británico y holandés, dio lugar a la formación de la Gran Alianza que declararía la guerra a Francia el 15 de mayo de 1702.

La proclamación del archiduque Carlos como rey de España por las potencias asignatarias de la coalición de Lisboa y en España, especialmente, por la Corona aragonesa, sería el detonante que iba a iniciar una guerra civil que, denominada de Sucesión Española, desarrolló su fase más dura en nuestro país entre los años 1704 y 1711.

Desde un principio, las fuerzas españolas adictas a Felipe V se caracterizaron por su inoperancia y su falta de medios humanos y técnicos, legado de la conflictiva centuria anterior que se evidenciaron particularmente en la defensa de las plazas fuertes del litoral gaditano; unos enclaves que carecían de fortificaciones y de apenas tropas que las defendiese, y sobre todo, con una artillería mal atendida y una inexistente armada para enfrentarse a la veterana y poderosa flota anglo - holandesa. Estas carencias, en el caso de la plaza de Gibraltar, presentaban todos los síntomas de una evidente debilidad defensiva.

En 1704, contaba don Diego de Salinas, a la sazón gobernador de Gibraltar, con una guarnición que se limitaba apenas a cien soldados y una docena escasa de cañones útiles. A esta insuficiente guarnición había que añadirle el precario estado de sus murallas, baluartes y otros elementos de fortificación.

Como consecuencia lógica, estas circunstancias condujeron a la conquista de Gibraltar por la potente flota anglo-holandesa que, el amanecer del domingo 4 de agosto de 1704, arrojaría sobre la plaza más de 15.000 balas de cañón que desmanteló las principales fortificaciones y destruyó la mayor parte de los edificios. Ante el riesgo inminente de un asalto de terribles consecuencias, tanto el gobernador como el Ayuntamiento, lo evitarían mediante una honrosa capitulación.

La escuadra anglo-holandesa.El inmediato intento de recuperación de la plaza por parte de las tropas de coalición franco española terminaría, después de ocho meses de duro asedio, con la imposibilidad de continuar el sitio. La carencia de planificación táctica, la impericia militar y, sobre todo, la absurda pugna entre los jefes militares franceses y españoles, una constante histórica en los sucesivos sitios a Gibraltar, fueron las principales razones que contribuyeron al malogrado rescate de la plaza.

Mientras tanto, en Europa los cañones acallaban para dejar paso a unos esfuerzos diplomáticos que culminaron con la firma del trascendental Tratado de Utrech en el año 1713, poniendo final al amplio y largo conflicto que supuso la Guerra de Sucesión a la Corona española. No obstante, dicho Tratado iba a suponer, no sólo la pérdida territorial europea, sino la ratificación de la propiedad inglesa sobre Gibraltar.

Los años posteriores a la firma del Tratado de Utrech se caracterizaron por el forcejeo diplomático entre las cortes españolas e inglesas que gira en torno, por una parte, del deseo español de recuperar la importante plaza de Gibraltar y, por otra, las vagas promesas de los ingleses de restituirla.

Lo que daría lugar a las represalias de España que inició el bloqueo de Gibraltar y, que finalmente, en febrero de 1727, desembocó en el segundo sitio de Gibraltar de la dinastía borbónica. Y aunque este nuevo sitio contó con un despliegue importante de recursos humanos, la deficiente preparación auguraba un lamentable resultado. La desunión de los mandos producida por la evidente incapacidad del Comandante en Jefe, conde de las Torres; la escasa moral en las tropas y, sobre todo, la carencia de eficaces elementos bélicos, acabaron con las esperanzas de rendir la plaza que, por entonces, ya se encontraba bien fortificada y, que contaba a su favor, con la siempre británica hegemonía del mar.Asedio español de Gibraltar

Cinco meses después, en virtud de un armisticio, se levantaba el oneroso y frustrado sitio que ocasionó a España la pérdida de 3.000 hombres y cuantiosas sumas del Tesoro Nacional. En cambio, se fijaría el status de Gibraltar que siguió en posesión de Gran Bretaña.

De esta forma, La Línea de la Concepción, sería uno de los 92 municipios adheridos pero no presentes. En este foro regional se fija un estatuto, que sería paralizado con el triunfo de la derecha en noviembre de 1933 y que, sólo con la victoria del Frente Popular en 1936, se reactivaría con una nueva Asamblea celebrada el 5 de junio de 1936.

La Línea de Contravalación

Tras la guerra de Sucesión los deseos de la dinastía borbónica de intervenir en la política internacional exigían una modernización y adecuación de los efectivos militares. Lo que dio lugar a la reforma del Ejército, cuyos orígenes tienen su punto de partida en el reinado de Felipe V, y culminan con las famosas ordenanzas de Carlos III que estarían vigentes hasta 1979.

Ya en 1711 y dentro del marco reformista propuesto, se había creado la Real Academia de Matemáticas de Barcelona que vino a ampliar las labores del Cuerpo de Ingenieros Militares que, fundado en 1710, estaba encargado de la construcción de las fortalezas de la frontera, puertos de mar y cuarteles para la guarnición. El primer director fue Jorge Próspero de Verboom, nombrado por Felipe V, Ingeniero General de los Reales Ejércitos Españoles; este prestigioso ingeniero no había podido llevar a cabo su proyecto de fortificación del istmo, durante el segundo sitio de Gibraltar, debido a la falta de entendimiento con el General en Jefe Conde de las Torres.

Sin embargo, nada más terminar el sitio en 1727, comenzó a construirse una banqueta en el comienzo del istmo que, con una longitud de 1.300 metros y desde una orilla a otra, impedía la comunicación por tierra de la plaza de Gibraltar. Pero no es hasta 1730 cuando las obras de fortificación, propiamente dichas, se llevarían a cabo sobre la base del proyecto que, una década antes, había presentado el Marqués de Verboom al monarca español.

Obedeció estas obras al proyecto de construcción de dos fuertes principales en los extremos de aquella banqueta. El primero de ellos, el de Santa Bárbara, en la orilla de levante y el segundo, junto a la bahía de Gibraltar. Entre uno y otro, una serie de fortificaciones asentaban las correspondientes baterías de cañones y morteros. Cinco años después, culminaron las obras y un impresionante bastión, fortificado y artillado, permaneció durante más de cuatro décadas de centinela permanente frente a Gibraltar.

Línea de Contravalación.Transcurrido este tiempo, el junio del año 1779, reinando en España Carlos III, los cañones y morteros de ese centinela, mostraron una intensidad de fuego digna de destacarse. Durante más de tres años bombardeó al Peñón en lo que se conocería por el Gran Sitio. Un asedio que respondía a unos fracasados intentos de paz y a la indignación general causada por los turbios manejos británicos en las colonias españolas en ultramar.

Este Gran Sitio, con un carácter táctico parecido a los anteriores, se distinguió por una profusión de medios humanos y técnicos que multiplicaron las obras de ingeniería y artillería de las que hasta entonces se habían realizado en el istmo. Similar profusión tuvieron los medios navales, en los que cabe destacar las tristemente célebres baterías flotantes.

Como resultado, a principios de 1783, comenzaron las conversaciones de paz, que terminarían en el Tratado de Versalles, el 3 de septiembre del mismo año, en virtud del cual, en lo que a Gibraltar se refiere, venía a ratificar, una vez más, el Tratado de Utrech de 1713.

La Guerra de la Independencia

El inicio de esta segunda contienda se inicia en el último capítulo de la centuria, y nos presenta a la España cortesana de Carlos IV impactada por los acontecimientos de Francia tienen sobre la realidad española. La ilusionante Reforma había perdido impulso y la pasividad se había hecho total en nuestro país. La doctrina liberal francesa, iba a traer graves problemas entre dos monarquías aliadas y regidas ambas por Borbones y, sin embargo, con caminos políticos contrapuestos.

Batería rasante en una de las fortalezas de Gibraltar.Esta situación condujo finalmente, en marzo de 1793, a la Guerra de los Pirineos, en la que una infortunada acción militar española contra la Convención Francesa, se cerraría con la Paz de Basilea. Posteriormente la alianza con Francia tratada en el Pacto de San Ildefonso en el año 1796, convertiría a España en aliada de la Revolución Francesa y se concertaban las fuerzas militares y navales de ambos países. Sin embargo, este pacto fue el preludio de la Guerra de la Independencia que, en 1808, estalla como consecuencia de la solapada invasión de la Península por parte de los ejércitos napoleónicos y de la resistencia que inmediatamente oponen todos los españoles.

En nuestra comarca, desde el levantamiento del Gran Sitio, reinaba una relativa paz con la vecina población; unas pacíficas relaciones que se estrecharon debido a la alianza de España con Gran Bretaña para luchar contra las invasoras tropas francesas. Gibraltar, entonces, abriría sus puertas a las tropas españolas ofreciendo su refugio y ayuda bélica a las tropas españolas que combatían en la comarca.

No obstante, un elevado coste le supondría a España el refugio y la ayuda inglesa. Temerosos al parecer, los ingleses de que se viera amenazada Gibraltar, si llegaba a caer la Línea de Contravalación en manos francesas, no sólo desarmaron sino que, el 14 de febrero del año 1810, demolieron este temible bastión que durante setenta y cinco años había permanecido como centinela inalterable de la integridad territorial del istmo.

Sus derribados muros fueron repartidos como motín de rapiña para reforzar las construcciones de Gibraltar, y desde entonces, sus restos fueron sometidos a un expolio indiscriminado.

Las ruinas del fuerte de Santa Bárbara

De esta alevosa demolición y su injusto expolio posterior, las ruinas se han mantenido a duras penas; y como si de un moderno logotipo se tratase, sus vetustas piedras y mutiladas murallas soportan al recio levante recordando el origen de la ciudad y evocando su historia. Orígenes históricos que, condicionados por el carácter de las diversas crisis bélicas abiertas durante el conflictivo siglo XVIII, impusieron el establecimiento de la Línea de Contravalación, así como fortificaciones defensivas a lo largo de la siempre amenazada costa andaluza. Lo que dio lugar a una natural simbiosis entre las ciudades y sus construcciones militares y que han dejado huellas urbanas imborrables. Y aunque ha resultado lógico, que la evolución histórica haya reutilizado antiguos establecimientos militares, transformando de esa forma su funcionalidad, también es cierto que una gran cantidad de ellos han sido conservados y en algunos casos reconstruidos, atestiguando de esta forma, la indisociable realidad histórica integrada por la vida local y milicia.

Este interés por la conservación de este patrimonio histórico, en el caso de nuestra ciudad, no ha sido suficientemente observado, debido en gran parte, al evidente desinterés de los responsables de promover y alentar el conocimiento de la interesante historia local. Y cuyo único referente básico son las ruinas del Fuerte de santa Bárbara.

Como resultado, es ese desconocimiento el que sólo ve, en estas expoliadas ruinas, un puñado de viejas piedras y restos de deterioradas murallas; unas ruinas cuya apreciación en el mercado del conocimiento local, no pasa de ser un solar para vertidos de escombros y, por añadido, una triste sorpresa para los curiosos turistas que, previa consulta de la Guía Turística de nuestra ciudad, se sientan interesados en visitar sus Monumentos Históricos.

Y es el desinterés de los responsables de la conservación de este Patrimonio, el que hace dar la espalda al pasado de estos derruidos restos, ignorando que forman una agrupación de transcendentes recuerdos históricos que, respondiendo a una cultura, a una forma de ser y a un latido épico, conforman la múltiple y abigarrada dimensión de los orígenes de nuestra ciudad.

Una huella cultural que inscribió, en su día, un capítulo de florecientes técnicas y novedosos métodos en la ciencia de la arquitectura castrense. Su construcción fue fruto de aquella cultura ilustrada del siglo XVIII, que afectó a la reforma del Ejército. De su importancia, basta recordar que su procedimiento de obra fue modelo para aplicarlo, por las mismas fechas, en la construcción de la Fábrica de Tabacos de Sevilla.

Pero si destacable es su valor cultural, aún más, es el valor sentimental que se desprende de la forma de ser de aquellos mozos reclutados en la comarca que, bajo el hostigamiento de los cañones de Gibraltar, desprendieron a golpes de almádana las piedras de la cantera, surcaron con recuas de acémilas los pantanosos arenales, barrenaron las arenas para el cimentaje y levantaron las hiladas de sillares de sus muros.

Y son los restos de estos muros, los que hacen sentir el latido épico de la abnegación y el sacrificio de diez mil tenaces soldados que dejaron sus vidas en el intento de devolver a España un territorio alevosamente usurpado.

Pero dejando atrás lo pasado, por irremediable, se impone, por tanto, un riguroso interés en conservar y proteger adecuadamente estos vestigios, y ya no sólo como imperativo legal por estar declarado como Patrimonio Histórico, sino como causa imprescindible para el mantenimiento de nuestra identidad histórica. Una meta sólo alcanzable, con la divulgación conducente al conocimiento de nuestro patrimonio que, en el caso de las ruinas del fuerte de Santa Bárbara, es el referente básico que dio origen a la ciudad. Sólo el conocimiento valorará a este referente, y sólo de esa forma, se suscitará la estima de las generaciones venideras que lo valorarán y exigirán su cuidado. M.G.F.Restos del Baluarte de San Felipe.Restos de muralla del Baluarte de Santa Bárbara.

Ilustraciones
1ª. La escuadra anglo-holandesa a las órdenes del almirante Rooke, ataca la plaza de Gibraltar a finales de julio de 1704. Tras el desembarco de dos mil hombres, que aislaron la plaza, y el bombardeo con más de 15.000 cañonazos, los trescientos defensores de la plaza se rindieron el 5 de agosto ( grabado de la primera mitad del siglo XVIII)
2.- Asedio español de Gibraltar en 1727. El conde de Montemar, con 20.000 hombres y unas 160 piezaas de artillería, no pudo vencer la resistencia británica. La densidad del fuego – como la que recoge la ilustración alemana contemporánea al cerco- fue a veces altísima, cruzándose hasta 700 cañonazos por hora y durando la acción desde el amanecer hasta la puesta del sol.
3.- Línea de Contravalación.
4.- Batería rasante en una de las fortalezas de Gibraltar. Este dibujo del último tercio del siglo XIX, refleja la desaparicón de la línea de contravalación y el avance de las garitas de los centinelas ingleses hasta la mitad de la zona neutral y la formación del caserío de lo que luego sería La Línea. (Grabado de la Ilustración Española y Americana)

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