A lo largo de todo el siglo XIX, Gibraltar se convirtió en lugar de refugio para aquellos políticos españoles que tuvieron que salir del país para escapar a las represalias de sus oponentes cuando éstos alcanzaban el poder. Fueron varias las oleadas de exiliados que se aprovecharon de la situación de la colonia inglesa para buscar su seguridad, pero sin duda fue la del 1823 la más importante, tanto por el número como por la categoría de sus integrantes.
Cuando Fernando VII consiguió restaurar la Monarquía absoluta, gracias a la ayuda de la potencias de la Santa Alianza, muchos liberales que habían defendido el sistema constitucional durante los tres años anteriores se vieron obligados a salir de España. Un grupo muy numeroso de ellos decidió refugiarse en Gibraltar cuando las tropas francesas llegaron a Tarifa.
La atención que los gibraltareños prestaron a estos refugiados españoles fue generosa en todo momento. Se formó una Junta en la colonia que abrió una suscripción para socorrer y pagar el pasaje a los españoles que tenían que embarcar hacia otros puertos.
Aunque la mayor parte de estos españoles mostraron una actitud pacífica durante su instancia en la Roca, otros utilizaron la colonia como base de operaciones para llevar a cabo intentonas revolucionarias contra el régimen absolutista. En el curso de estos años hubo varias expediciones de este tipo. La primera de ellas fue la que llevó a cabo el coronel Francisco Valdés en agosto de 1824. El coronel Valdés tomó Tarifa, pero no pudo resistir por mucho tiempo ante el envío de tropas procedentes de Algeciras y Cádiz. Valdés terminó refugiándose en Tánger.
En septiembre de 1830 llegó a la colonia inglesa el General José María de Torrijos. El General, que procedía de Inglaterra donde pasaba su exilio, comenzó a preparar nuevas tramas revolucionarias contra Fernando VII. Como resultado de estas intrigas se produjo un asalto a las líneas españolas desde la zona neutral, a finales de enero de 1831, que se saldó con algunas pérdidas por parte de los liberales y con un mayor número por parte de los realistas. El 30 de noviembre de 1831 parte de Gibraltar el propio Torrijos que al mando de 50 hombres desembarca en Fuengirola, donde fue cercado y obligado a rendirse por las tropas realistas. Todos ellos fueron fusilados en la mañana del 11 de diciembre del mismo año.
Sin embargo, la colonia inglesa continuó siendo refugio, más o menos esporádico, de los muchos refugiados políticos que seguía produciendo la agitada y cambiante vida política española de entonces. Narváez recaló en el Peñón cuando en Madrid ocuparon el poder los progresistas bajo la regencia de Espartero. Cuando se preparaba el estallido de la revolución de 1868, Gibraltar se convirtió en lugar de reunión de algunos de sus principales instigadores como el mismo general Prim.
La relación de los refugiados políticos españoles que se refugiaron en Gibraltar podría continuarse, pues fueron muchos y de muy distinto color político los que pasaron por la Roca con la intención de embarcar hacia otros países, o simplemente esperar a que cambiase la situación de España. - M.G.F. -