Torre Vigía

Opinión

JORGE BEZARES E/Sur 9/04/06

El otro día , por esa curiosidad morbosa mezclada con un puntito de masoquismo que tenemos los españoles, me pues ante la televisión para escuchar la entrevista que Pedro Piqueras, editor y conductor del informativo de la noche de Telecinco, le hizo al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Me decepcionaron:ni entrevistador ni entrevistado estuvieron a la altura del momento histórico que vivimos. El máximo responsable de nuestro país aportó pocas novedades y transmitió menos, y el periodista se mostró excesivamente complaciente antes respuestas que no tenían nada que ver con sus preguntas. Al menos, le debió decir:"Oiga usted, señor presidente, eso no es lo que yo le he preguntado".Pero se conformó con el 'impacto mediático' que supuso el regalo de la entrevista en exclusiva y los cuernos de Presidencia del Gobierno a TVE. Zapatero estuvo especialmente desafortunado cuando se refirió a Marbella y concluyó lanzando un mensaje tranquilizador al asegurar que este clamoroso caso de corrupción es puntual, que ya no hay más.

Que el presidente del Gobierno no sepa, a estas alturas, que lo de Marbella es la punta del iceberg de lo que está pasando, en mayor o menor medida, en la inmensa mayoría de los ayuntamientos me escandalizó y me llevó a decirle a la televisión: "Que Dios nos coja confesados, amiga".La misma expresión lancé cuando escuché a la consejera de Obras Públicas, Concepción Gutiérrez, rasgándose la vestidura y sacando pecho por el trabajo de su departamento contra la corrupción urbanística marbellí.¿Roca, el del Miró encima de la bañera del cuarto de baño, hubiera llegado tan lejos si no hubiera contado con la complacencia, por no decir complicidad, de altos funcionarios de la Junta?¿30.000 viviendas ilegales, Concha, no se construyen de la noche al día?¿Qué pinta Jaime Montaner, ex consejero de Urbanismo y Hacienda, en los aledaños de ese mundillo construido sobre ladrillos de pura mierda, cohechos, prevaricaciones y malversaciones de caudales públicos? Chaves -un político honrando:ésa es su mayor virtud-,debería reflexionar e investigar por qué su administración ha llegado 15 años tarde a Marbella y cómo es posible que hayan apoyado políticamente al encarcelado alcalde de Manilva, el gilista Pedro Tirado, y mantengan aún el pacto de gobierno en Estepona con miembros del GIL extinto pero vivito y coleando.

Si los dirigentes socialistas andaluces debieran asumir su parte de responsabilidad, los máximos responsables del PP-A tendrían, al menos, que ser más prudentes. Roza la inmoralidad que el presidente provincial de los populares gaditanos, Antonio Sanz, se siente al lado del alcalde de La Línea, el 'gilista' Juan Carlos Juárez, para intentar implicar en las operaciones Malaya y Ballena Blanca el primer edil de Jimena, Ildefonso Gómez, con lo cerca que tenía esa verdad evangélica, la única que nos puede y debe hacer libres.La falta de escrúpulos del dirigente provincial del PP es directamente proporcional a su sombrío futuro político.¿Se puede mantener un discurso en privado tan diametralmente opuesto al público? Juárez, por cierto, el mismo día en que se puso en marcha la operación contra la corrupción en Marbella no puedo reprimirse y sorprendió a propios y extraños, en una versión de "a lo mejor" de Zaplana, insinuando que podría tener relación con la candidatura del consejero socialista Paulino Plata a la alcaldía marbellí, y que , hombre , los jueces pudieran ser utilizados políticamente.Los patos disparando a las escopetas. Casi a la misma hora, dando por buena la operación judicial y policial, su líder Arenas pedía la disolución del Ayuntamiento de Marbella y la celebración de elecciones.

En una democracia madura en la que los jueces no comparten puro y burladero con políticos procesados, Juárez sería probablemente un buen encargado de economato, Sanz estaría terminando la carrera, Arenas disfrutaría plácidamente de sus días en el prestigioso bufete familiar y al alternancia en Andalucía dejaría de ser una misión imposible. Pero no sólo nos enfrentamos a un Estado de derecho que, mientras que hace aguas, se autoalimenta engañándose, creyéndose la leche, sino que , además, hay que contar como el handicap añadido que supone la imbecilidad de los propios ciudadanos, que se tragan sin cuestionar los platos de propaganda aliñados con mentiras de los palmeros, nacidos éstos en las cloacas, alimentados por el fondo de reptiles. Es curioso encontrar aún hoy en Marbella a gente que no se ha enterado de nada y echa de menos al mismísimo Gil y Gil, padre, hijo y espíritu santo de este despropósito. "Robaba, pero hacía cosas", decía uno, ignorando, el muy carajote, que esos hurtos los ha pagado él con creces en sus recibos hipotecarios. Así las cosas, si en las muchas Marbellas que quedan por esta Andalucía de nuestras entretelas y el resto de España, sus ciudadanos votan, consienten y respaldan, sólo cabe una sentencia:"Cada pueblo tiene el alcalde que se merece".

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